En esta noche, la energía de la luna llena y el sol en aries me inspiran a escribir sobre una de mis grandes pasiones, descubiertas hace no mucho tiempo.
Desde chica, como la mayoría, decía que quería viajar, pero no lo tomaba en serio. No entendía el significado de viajar, ya que solo conocía las vacaciones a la costa con mi familia.
No fue hasta el año pasado en el que empecé a seguir a muchos influencers, y youtubers viajeros, que con sus experiencias mostradas a través de una imagen, un vídeo, o un escrito, me hicieron enamorar de la idea de viajar.
Con mi hermana teníamos planeado ir al norte de Argentina de mochileras, pero a mi papá, siendo todavía yo menor, y escuchar tantas noticias de inseguridad en esas zonas, no le gustó demasiado la idea. Por lo que cambiamos el destino a Córdoba. Y allí nos fuimos el 5 de febrero hasta el 15.
No voy a contar con detalles sobre ese viaje, ya que prefiero dejarlo para otra ocasión, pero es necesario mencionar esa experiencia para que se entienda como decidí que eso es lo que quiero para mi vida.
El lugar de destino dentro de Córdoba, donde pasamos más tiempo y donde más lo disfruté, fue en San Marcos Sierras.
La manera en la que nos manejamos, desde ir con mochila, hacer dedo, hospedarnos en hostels, gastar el menor dinero posible, utilizar nuestro tiempo para disfrutar de la naturaleza, conocer personas, y nutrirnos de cultura, fue para mí la mejor manera de hacerlo.
Siento que recién de esa manera entendí que un viajero no es alguien que vacaciona. No es ir a la playa sin intención alguna, con todo al alcance de la mano, reservado, fácil, y no llevarte nada de aprendizajes.
Tiene que ver con vivir una aventura, con cambiar de aires, con no sentirse limitado a actuar de una determinada forma. Conocer no solo un paisaje diferente, sino también salir de la rutina diaria, de los mismos vínculos sociales. Encontrar personas con los mismos ideales, o con otros diferentes de los cuales aprender.
Es darle valor a los pequeños detalles que cuesta valorar en la cotidianidad. Es enfrentarse a desafíos, a dificultades, y poder encontrarle a eso lo positivo. Es vivir en ese momento, sin estar pensando en el futuro, sino simplemente disfrutar de estar allí.
Necesariamente, al volver, no vas a ser el mismo. Porque te nutriste de otra cultura, de otra manera de vivir, de otro aire, de otras estrellas. Hay situaciones por las que pasas que al volver hacen darte cuenta de la poca importancia que tienen en realidad muchas cosas por las que solemos preocuparnos.
Con mis 17 años de edad, y habiendo hecho solo aquel viaje, algo dentro mío intuye que es muy vital para mi plenitud el seguir haciéndolo. Que necesito sentirme así, que muero por conocer más lugares, por ver cosas nuevas, por sentirme vulnerable frente a lo desconocido, lo inmenso. Quiero adentrarme en las maravillas de la naturaleza, y dejar que toda su energía me drene de sabiduría.
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